Historia

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A finales de los 80 un grupo de amigos de las dos ruedas comenzaron a salir los domingos: Jose “Cristino”, Jose “Melguizo”, Jose “Cosechas” y Emilio Illueca. Grandes palizas con unas bicis de acero, no tan ligeras como hoy en día, con los que comenzaron a descubrir el encanto de nuestro entorno, sin dejar de lado la noche tuejana de la época. Normalmente les venía justo cerrar el Tío Pepe y cambiarse de ropa, preparar un buen bocata y salir a rodar. Entonces sólo interesaba hacer km, por aquellos tiempos ni soñaban con sendas y trialeras. Este fue el germen de MTBTuéjar.

La cosa se detuvo un tiempo y las salidas desaparecieron… hasta que un día, casi por casualidad, volvieron a organizar desde la peluquería de Emilio, véase Baty-cueva (los cortes de pelo dan para mucho), una salida de domingo en mountain-bike. En esta ocasión, los componentes del grupeto eran distintos: Tomás Varea (el maestro), Carlitos Varea (su hijo, Ecoserrania en la actualidad) y de nuevo Emilio. Aún se recuerda esa ruta, llena de averías, donde por primera vez se metieron en una bajada técnica: la senda de Bercuta a Barchel, imaginar el estado en la época, ¡nada que ver con lo que hay ahora! Por aquel entonces las sendas eran sendas, no autovías gracias a las limpiezas y las miles de bajadas que han soportado, por no hablar de las prestaciones de las máquinas actuales.

Después de esa salida vinieron otras y poco a poco fueron llegando amig@s de las dos ruedas. Comenzaron a averiguar por donde discurrían los antiguos caminos de herradura que utilizaban nuestros abuelos, muchos de ellos ya nos dejaron, pero seguro que sonríen felices allá donde estén al ver como sus sendas son ahora surcadas por andarines, runners y bikers: el tío Felipe “El Marianín”, el gran maestro “Vicentico el Charandel” toda una eminencia que sigue ansioso por enseñarnos km y km de sendas.
Llegó luego la opción de comenzar a trabajar con los “peques” (algunos de ellos ahora son unos grandes del BTT) empujándoles en las subidas y enseñándoles a arreglar pinchazos, a cambiar en el momento ideal de la subida/bajada, a cómo colocarse en las zonas más técnicas y a comer cuando no tienes hambre para que no te de una pájara.

Al tiempo llegó una concejal al ayuntamiento llamada Araceli López (la maestra) que brindó todo el apoyo institucional y humano para hacer oficial la peña, consolidarla y gestar la que sería la primera San Diego, con la friolera de 25 participantes. Al año siguiente ya se organizó San Diego y Open de España, y más tarde salidas, viajes, muchas otras pruebas, grandes amig@s y sobre todo unas ganas locas de dar a conocer lo más preciado que tenemos: NUESTRO ENTORNO.

La peña sigue ahí ahora, con nuevas secciones y pruebas y sin parar, porque como le decía un cliente a Emilio: “ya pararé cuando me muera”

2-LR

 

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